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jueves, 17 de septiembre de 2015

Texto que quería ser teoría sobre el cuerpo pero terminó en performance.


Quiero dibujarte pero no puedo
¿cómo contar la voz inefable de tu cabello,
el que se mueve cuando bailas?

   Cuando me propongo investigar sobre el cuerpo sucede que me es casi imposible separar este concepto de la danza y después, pensando en ésta, es prácticamente inevitable sumergirse en apreciaciones subjetivas. Así, quisiera pensar a la danza como una herejía, como un himno que se alza desde el individuo; pensarla como el rito con el que el cuerpo dibuja su entorno, entorno que bien podríamos llamar hábitat, casa, público, en fin, habitus. Igualmente, cuando pienso en cuerpo me llegan a la mente diversos conceptos relativos al órgano donde el ser existe: "encarnación", "testigo", orador"...

   El cuerpo tiende a ser percibido como el vínculo que une lo divino -es decir lo espiritual- con lo terreno. Es aquí donde llega el primer problema, es difícil echar para atrás las apreciaciones subjetivas y ver qué es y cómo funciona el cuerpo en relación con... con la vida misma.

"La Nature se dévoilant à la Science" Louis-Ernest Barrias

    Cuando me propuse iniciar el trabajo de estructurar una hipótesis que explicara los modus operati del cuerpo me enfrenté a un serio conflicto epistemológico, ¿se puede de verdad hacer una teoría sobre algo tan subjetivo como la concepción que cada uno tiene de su cuerpo, en su cuerpo y desde su cuerpo?

   Intentaremos llegar a una formulación ideal de los procesos objetivos y subjetivos que se dan a través de éste; estoy consciente de las dificultades que conlleva dicha posición (en concreto, la objetivación de lo subjetivo), sin embargo, puedo decirte que utilizaré todos mis recursos para discernir entre lo que son observaciones empíricas, deducciones hipotéticas o formulaciones propias y subjetivas.

    Llegado a este punto, lector, creo que ya puedes intuir el propósito del texto y de la investigación. En primer lugar, la observación del lenguaje del cuerpo en tres diferentes niveles (aunque siempre relacionados entre sí): el cuerpo como receptor sensible, como órgano de unidad individual y como receptáculo y actor en relación a las influencias de la sociedad; en segundo lugar vamos a intentar averiguar qué es y cómo -te, me, nos- mueve el movimiento.

   Para lo anterior será necesario dejar claras y concisas ciertas bases teóricas (ya sean sociológicas o antropológicas) con la que abordaremos diferentes situaciones sobre el cuerpo. Partiremos de la permisa de que éste es la materia en la que se lleva a cabo la creación del sistema social en el que vivimos y a partir de dicha idea analizaremos diferentes estudios sobre personalidad, determinismo social y, siendo muy osados, postestructuralismo.

    El cuerpo, lo hemos dicho antes, une lo terreno -la carne- con dos realidades ideales, una es la subjetiva, lo que siente la persona, y la otra, objetiva, se refiere a lo que le pasa a las personas, lo que podemos ver y constatar. Este trabajo toma como eje central la corporalidad porque creemos que es este el escenario donde de se construye esta última esfera, el entrelazado social.

   También explicaremos desde estos tres planos al cuerpo como sitio donde reside la conciencia individual. De la misma manera en que la aparición de la vida está inseparablemente ligada a la formación de organismos determinados y diferenciables de la no vida, la conciencia (el ser humano), necesita de un sitio delimitado desde donde distinguirse de aquel que no es yo. Se reconoce esta diferenciación con el mundo a través de la percepción sensorial y de las diferentes relaciones que el individuo lleva a cabo con su entorno.

   Así como la existencia se sostiene para Heidegger dentro de la nada, así la conciencia existe cuando se enfrenta a la disociación entre lo que ella es y lo que no es, lo que la rodea; podemos decir que la conciencia es cuando se sabe siendo. Sin embargo, la conciencia individual implica una pequeña dificultad: no es únicamente una cosa que existe contraria a la nada, la conciencia se esta rehaciendo a cada momento.

   El entorno nos conforma y nosotros a él en un ciclo ininterrumpido. Esto nos lleva a incluir en nuestro panorama al ecosistema (aquí lo llamaremos "Sistema social") donde la conciencia cobra sentido.

   Analizaremos pues, el carácter social (y quizá político) del cuerpo. Serán varios los campos donde colocaremos nuestro análisis, diferentes enfoques que siempre tomarán al cuerpo como escenario sobre el cual apreciar los fenómenos sociales. Veremos que estos fenómenos le van enseñando (o imponiendo) a las personas ciertas reglas de juego que tienen que ir siguiéndose conforme a normas establecidas. Quizá lleguemos a la conclusión de que estas normas son una construcción arbitraria, quizá deduzcamos que son parte de un sistema funcional que no podría existir de ningún otro modo; sea como sea, nosotros instalamos aquí, en nuestro cuerpo, el campo de estudio y de observación.

   Finalmente, me gustaría hacer la aclaración de que el hecho de proponer en el título una teoría del cuerpo, no debe ser asumido como deseo ambicioso de alcanzar la verdad; lo que aquí se construya no será más que un juego de apreciación que hagamos como espectadores de nosotros mismo. Será -y lo aclaramos no para quitarnos seriedad sino para reconocer nuestros límites-  lo que yo o lo que ego produzca al percibirse a sí mismo.


   Lo que intentaremos, espectador/lector, es que seas llevado al juego del ego que se mira, ahí donde tu visión alterna entre tu atención al mundo y la concepción que tienes de ti mismo.

"Maniquí tapado" Manuel Álvarez Bravo


DANZA DE PLATOS


No puedes salir de tu cuerpo
                                                                                    - Mi cuerpo

aquí dentro vives, en el cuerpo
                                                                                    - Mi cuerpo


Aquí sientes la lluvia,
aquí los cardenales,
aquí la imagen que ellos tienen de ti.

Aquí te da hambre, frío, sueño, rabia;
aquí se esconde el miedo.

Aquí alimentas           
                                                - con lo que ellos te dan

Aquí vistes      
                                                - de algodón o de vergüenza

Aquí te duele cuando te dan una hostia
                                                hostia, hostia, hostia
                                                - Mi cuerpo

¿Y dices que eres libre?
                                                          -hostia 
                                                                            -Mi cuerpo

Ellos hacen lo que quieren con tu cuerpo
y tú crees que haces lo que tu cuerpo quiere.

Mírate y dime dónde está tu libertad

Mírate y dime dónde está tu cuerpo

Mírate y dime qué se merece tu cuerpo...



"Danza de platos"



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Espacio a llenar 

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Este es mi cuerpo

Aquí está todo lo que he sido
todo lo que me haré, haréis, haremos, ser.

                                                                        - Mi cuerpo



                                                Mi cuerpo

Memento mori de una antropóloga suicida


   Los últimos restos de la falacia socialista (utopista) están caducos en mí. Me doy cuenta que eso de estudiar antropología por amor al hombre era una jareta mental para justificar cuatro años de una carrera que no tiene ni pies ni cabeza (pero sí el descaro de llamarse científica) y para dejarme conducir por ella al borde de mis histerias


   Qué hipócrita he sido.

   Conque multiplicidad étnica ¿no? conque esa es la riqueza de la raza humana... sí, claro. Si  por una vez soy cierta, confieso -ya no ante el Pater Noster, sino ante nosotros mismos (por eso de que Dios ha muerto y que los pecados propios se desbrozan mejor en facebook que con todos los Ave María que pudiera prescribirte el cura en turno)-, y sin pena ni gloria me desvelo, ante mis propios ojos la carne corrompida por el gusano globalizador del siglo. Ante ustedes -ante mí- la nueva estrella del milenio: el hastío vital y sus hijitos: los múltiples placebos para esconderse de él.

   ¿He dicho antes que somos todos una raza de hermanos? ¿Cómo sostenerlo cuando se le coge tanto desprecio a los árabes por venderse al sistema e ir como ovejas balando a comprar sus accesorios de oro al centro comercial más grande; rabia a los judíos por haberse adelantado en la carrera mercantilista y tener ese poder exento de dudas que ya querría la ONU o el Vaticano; odio -con sus cuatro letras- a los pakistaníes y a sus mentecitas ilusas adoradoras de la mano cortada de una especie príncipe muerto en batalla? Cómo no querer un holocausto de todos los indios tan cerdos y tan inconscientes, tan ganado que una vaca sirve para gobernarles los impulsos (quisiera decir pre-culturizados pero estoy entre antropólogos y me mandaríais a la mierda, célebres estudiosos de la cultura, eso sí, no penséis que todos hacen yoga y levitan buscando la paz luego de Gandhi).


   Por su lado, en el resto del mundo hay chinos por millones amenazando con las curvas exponenciales de población, haitianos oprimidos por subsidios agrícolas franceses; los !kung, invencibles a calores y hambres, en vías de una extinción de otro tipo, probable y deplorable; yir-yoront que ya no creen ni es su madre y mexicanos volviéndose gringos, mientras los brasileños siguen vendiendo figuritas de la copa y postergando su crisis económica hasta que pasen los próximos juegos olímpicos...  Y entre todo esto, yo en el mío, contando las formas en que es posible (y hasta creíble) mentirnos y decir que vivimos (todo mientras fumo -¡¿Marlboro?! qué bajo he caído!-)

   Quizá vayáis a decirme (si seguís la lectura a este punto) que le debo mi humanidad a la cultura que tengo y que de eso no puedo, ni debo, ni habría de escaparme; que es lo que respalda mi calidad mujer luego de 26 años de vivir esta tierra, ser alumna, trabajar, beberme una cerveza, etc. pero en verdad os digo, podéis quedaros (y de paso en la inopia) con todos vuestros constructos sociales, yo no los quiero.

   ¿Cultura? ¿cultura nuestra saberse los nombres de los tamaños del café de Starbucks o los precios del MacDonalds? postre típico: Nutella; idioma: en decadencia -igual que nuestras capacidades comunicativas, memoria y atención; vestidos / ornamentos: los que mande el bolsillo y las tiendas del centro. Bébete tú mi cultura que a mi me da asco.





   ¿Cómo ser científicos (el término cada día me resulta más irrisorio -gracias, Kuhn) en un mundo así? Habríamos de inaugurar un nuevo siglo ahora que el de García Márquez ha terminado: El Antropólogo en los tiempos del Ébola.

   Si alguien tiene información de cómo llevar a cabo esta horrorosa/ digna /vital tarea, favor de compartirla, a riesgo de una extinción masiva de la fe en caso de no hallar manera. De momento, humanos, os digo. Me hubiese gustado vivir en una época en la que no hubieseis nacido... o en la que todos estemos muertos.